A la Inmaculada

A la Inmaculada

de: P. Rodero Florián, L.C.

El barro se volvió estrella,

la sangre se volvió gracia

en la arcilla de tu cuerpo,

¡Oh Virgen Inmaculada!

Y la savia de la muerte

que a la vida alimentaba

se secó en tu carne limpia

cuando el Señor te hizo el alma.

La presencia creadora

vino al Edén de tu casa,

y en las manos te traía,

¡Oh Virgen Inmaculada!

Manantial del paraíso

de donde a la tierra baja

el torrente de la vida

manchado de fruta amarga;

pero la mano divina

creó una nueva fontana,

dándote un nombre más puro

¡Oh Virgen Inmaculada!

El árbol se volvió cruz,

se hizo almendro la manzana,

la promesa se hizo Virgen

en la carne de tu esclava.

Y una cascada de luces,

de aurora rojas y blancas

mandó Dios al concebirte,

¡Oh Virgen Inmaculada!

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